Si Dios lo puede todo, ¿por qué no elimina el mal? ¿Por qué tenemos que vivir en un mundo roto donde tantas personas hacen tanto daño? Es normal que cuando experimentamos alguna temporada o situación que refleja la maldad humana en el mundo, al menos pensemos: “¿por qué Dios no hace algo?
La Biblia sorprendentemente nos recuerda que el problema del mal no está solamente fuera de nosotros. También está dentro de nosotros. Todos participamos de la rebelión humana contra Dios y necesitamos rescate.
Por eso Cristo murió en la cruz, cargando todos nuestros pecados para librarnos de las consecuencias que merecen nuestros pecados. O sea que cuando deseamos que Dios termine con el mal, inadvertidamente podríamos estar afirmando que la única manera en que esto puede suceder es si Dios termina con nosotros.
Pero la Biblia dice que todo el mal que experimentamos será removido finalmente cuando Cristo regrese en juicio. Ahí, ya no habrá dolor ni tragedia. Nuestras lágrimas serán secadas por sus manos (Apocalipsis 21:4).
Resulta que Jesús mismo dio la respuesta a esta pregunta cuando dio la parábola del trigo y la cizaña en Mateo 13:24-30. Veamos este pasaje del relato:
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